¡Haz el favor de calmarte!

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Updated: August 7, 2015

El Blog

 

El estrés está a la que salta: un día aparece por un atasco de tráfico y, al día siguiente, al ver al médico ponerse un guante de látex. Es muy listo y entra sin llamar a la puerta. Y lo peor no es eso, es que además te roba siempre un poco de salud. A largo plazo, el estrés puede aumentar el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, angina de pecho, infarto y apoplejía. En muchos casos, cuando alguien padece un infarto o una apoplejía, la gente recuerda que esa persona en realidad había estado sometida a una gran tensión en los meses anteriores.Nos damos cuenta de que no hemos hecho más que darte un nuevo motivo de preocupación, pero que no cunda el pánico. Estamos aquí para ayudarte a propinarle una buena paliza a este entrometido que se presenta en tu vida sin que nadie le haya invitado a la fiesta.

Por mucho que te apetezca hacerle un corte de mangas a otro conductor, guarda ese brazo. Cuanto antes pierdas los nervios, mayor será el riesgo de sufrir una cardiopatía, según un estudio realizado en la Universidad de Iowa (EE.UU.). Algunas personas tienen el umbral de rabia más bajo y hacen sonar la bocina en cuanto alguien no arranca lo suficientemente rápido. Pero mantener un umbral bajo significa que las hormonas del estrés, los niveles de adrenalina y los niveles de cortisol suben más, con lo que acabas teniendo más problemas de salud. Y eso no nos gusta. Baja una marcha. La próxima vez que empieces a sentir que te invade la rabia en un atasco aplica este freno de emergencia: para en un lugar seguro, apaga el coche, respira hondo y di: “Calma”. Luego exhala y di: “Relájate”. Repite esta secuencia tres veces. Si aún te sientes encendido, aspira hondo mientras aprietas el volante con las manos y relaja el agarre mientras exhalas. Repite tres veces. Imita físicamente la respuesta de relajación y libera tensión muscular, así favorecerás que el cerebro también se calme.

La tensión en el trabajo no es mala: sin ella, estarías en el paro. En general, un estrés moderado te da energía, pero si se convierte en angustia, afectará a tu capacidad de concentración. Si no le das un respiro, el cerebro puede sufrir las consecuencias: en un reciente estudio sueco se observó que la gente sometida a un estrés crónico tenía menos materia gris que los que trabajaban más tranquilos. El exceso de hormonas del estrés puede dañar, o incluso matar, neuronas.

Para el reloj. Tu cerebro funcio- na mejor en los sprints que en los maratones. No puedes ser productivo durante largos periodos sin que la mente se te vaya a otra cosa y empiecen a flaquearte las fuerzas. Así que aléjate de la mesa de tu despacho al menos tres veces al día para recuperar la eficiencia. A media mañana, dedica 10 minutos a ponerte al día con tus colegas. (Recuerda que estar al día de los cotilleos puede ayudarte en tu carrera). A continuación, dedica al menos media hora a comer –no trabajes mientras almuerzas–. Y si es posible, da un paseo de 15 minutos durante la tarde, cuando las fuerzas empiezan a flaquear.

Tendrías que estar enfermo para estar contento de visitar al médico. A ningún hombre le gustan las batas blancas a no ser que las lleve una enfermera. Pero ten cuidado si la perspectiva de una visita al médico te ha puesto tan nervioso que has decidido anularla. Mucha gente se angustia por ir al médico y deja de hacerlo, lo que puede provocar que una enfermedad progrese hasta un punto peligroso. Por muy desagradable que sea toser y decir treinta y tres, la tensión que provoca es muy inferior a la de una hernia reventada.

Pon remedio cuanto antes. Analiza e identifica lo que te preocupa realmente de ir al médico. ¿Te da miedo que te riña por tus malos hábitos? Recuerda que por su consulta han pasado muchos tipos con los niveles de triglicéridos mucho más altos que los tuyos. ¿Tienes miedo al diagnóstico? Interioriza el hecho de que la sinusitis es mucho más frecuente que la gripe aviar. Y cuando salgas, pregúntate a ti mismo: “¿Había para tanto?”. Igual así puedes desactivar tus temores de cara al futuro. Y antes de irte, pide la próxima visita. Así no podrás volver a las andadas.

Niños que lloran, perros que ladran, tu pareja de mal humor… Es como para plantearse quedarse a vivir en el despacho. Tu casa, que debería ser el descanso del guerrero, se convierte en una fuente de estrés. Lo ideal sería que encontraras una solución a los problemas que tienes. Pero ya sabemos que hay veces que todo se junta y es difícil encontrar un minuto de paz en tu hogar. Desestresa tu fortaleza. Empieza por encontrar un rato para una sesión de fitness después del trabajo. En un estudio de la Universidad de Maryland (EE.UU.) se ha demostrado que 30 minutos de ejercicio cardiovascular puede reducir inmediatamente el estrés y protegerte de estímulos estresantes que puedan aparecer posteriormente. Si aún así sigues sin tener ese momento zen en casa, aléjate de lo que te está generando la presión y ponte una alarma para cinco minutos más tarde en el teléfono móvil. Siéntate con la columna recta y los ojos cerrados, y concéntrate en observar tu respiración (sin cambiar el flujo normal del aire) hasta que suene la alarma. Verás las cosas de otro modo.

Tú estás desnudo, ella está desnuda. ¿Qué motivo hay para el estrés? Pues puede haber más de uno. La creencia social de que los hombres siempre tienen que estar a punto puede generar una serie de expectativas que te hagan sentir presionado. En el peor de los casos… Bueno, ya sabes lo que pasa en el peor de los casos: tu cuerpo puede negarse a colaborar y entonces sí que no hay nada que hacer. Y si eso pasa, la siguiente vez estarás temiendo que vuelva a ocurrir, por lo que puedes entrar en un círculo vicioso nada recomendable.  Sé sensato. Deja de darle vueltas a la cabeza y vuelve a la cama. Uno de los mejores modos de volver a centrarte en el momento es prestar atención a tus cinco sentidos. Por ejemplo, piensa en la magnífica sensación que te produce cuando hace esa movimiento con la cadera, escucha los sonidos, casi animales, que tanto te ponen, o el sabor (y el olor) de su radiante piel. Déjate llevar por todo eso y no analices nada.Si aún te comes tanto el coco que te cuesta mantener la erección, prueba a dedicarte a darle placer a ella. Dejar la penetración para más tarde hará que no te obsesiones por la erección. Es más, el subidón de confianza que sentirás al ver lo caliente que la pones revertirá en tu propia excitación. ¿Y si sientes que se te empieza a ablandar durante el acto? Prueba la técnica del apretón, que nunca falla. Sácala y aprieta suavemente justo por debajo del glande. Esto puede ayudarte a mantener la excitación y evitará que la erección desaparezca. También puedes emplear un anillo para sujetar el pene (cockring).

No te vamos a recordar que en realidad es más fácil morir en un accidente de tráfico que estrellarse en un avión (aunque es cierto). De todos modos, el estrés de los aeropuertos no tiene por qué deberse al temor a estrellarse. Hay muchas cosas que pueden ponerte nervioso en un avión y deberás identificar tu causa para saber cómo combatirla. Tal vez sientas claustrofobia o te temas que el hombre que tose estertóreamente a tu lado vaya a contagiarte su catarro. Y, claro, también puedes temer caer en picado. Alivia la presión en cabina. ¿Cuál es la razón que te hace comerte las uñas? Si te agobia estar en el avión, no esperes a ser el último en embarcar. Aunque parezca contradictorio, si subes de los primeros y te tomas un tiempo para aclimatarte sin tanta gente, te sentirás mejor. Si lo que te preocupa es que el tipo que te tose al lado amenace tu sistema inmunitario, tienes que saber que la posibilidad de contagiar una infección en el avión es solo del 15%, según cálculos de los investigadores de la Universidad de Purdue (EE.UU.). Mejora tus posibilidades aún más lavándote las manos antes de comer o beber: en un estudio de la Universidad de Michigan (EE.UU.) se llegó a la conclusión de que así se rebaja el riesgo de contraer una enfermedad respiratoria en un 21%. Y si lo que te estresa es el riesgo de estrellarte, haz deberes en casa: antes de salir, infórmate sobre el tipo de avión, para que sientas que controlas un poco la situación. Si el problema persiste o es realmente inhabilitante, tendrás que buscar ayuda especializada.

 

Fuente: prodigy.msn.com

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